miércoles, 30 de noviembre de 2011

ESCAPE DE VAPOR RADIOACTIVO EN LA NUCLEAR DE COFRENTES

La central nuclear de Cofrentes (Valencia) ha procedido a realizar una bajada de potencia no programada superior al 20 por ciento tras detectar un aumento de la temperatura en el edificio de turbina provocada por un escape de vapor dentro de dicho edificio.
Según ha comunicado la central al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), siguiendo el procedimiento reglamentario, el titular de la planta está trabajando para localizar el origen de la pérdida de vapor y proceder a su aislamiento.
Este suceso "no ha supuesto riesgo para las personas ni para el medio ambiente", según señala la misma fuente.
Un escape de vapor en el edificio de turbinas, ha provocado un aumento de radiactividad y de temperatura en el mismo, que ha obligado a llevar a la central a parada no programada. Esta radiactividad ha salido fuera de la contención y podría afectar al medio ambiente y los trabajadores.  
La central nuclear de Cofrentes dispone de un reactor de agua en ebullición, modelo BWR, que solo cuenta con dos circuitos de agua: el primario y el de refrigeración, al igual que la central de Garoña (Burgos). El circuito primario, cerrado, está en contacto con el combustible, luego los niveles de radiactividad del agua son elevadísimos. Al igual que en Garoña y a diferencia de los reactores de agua presurizada (PWR), los otros seis reactores en territorio español, en el caso de Cofrentes es el vapor de agua del primario el que mueve la turbina, luego el escape de vapor señalado en la nota del CSN implica emisión de material radiactivo al exterior del circuito, concretamente hacia el interior del edificio de turbinas. La central se ha visto obligada a parar para atajar la fuga.
El vapor protagonista del escape proviene de los separadores de vapor, en los que se extraen impurezas para que al edificio de turbinas llegue solo H2O en estado puro. Pero eso no evita que en ese agua existan núcleos inestables – radiactivos – como el hidrógeno-3 (tritio) que se ha esparcido por el edifico auxiliar, con la posible afección al medio y a los trabajadores.
Se trata del décimo suceso notificable que sufre la central en lo que va de año, además de la prealerta de emergencia del mes de marzo. Este tipo de centrales, similares a las de Fukushima-Daiichi, fueron en su día más baratas de construir, pues tienen un funcionamiento más simple y más compacto. Pero por la misma razón son más inestables, y obligan a una exposición a la radiactividad mayor a los trabajadores, en labores de recarga y mantenimiento. Además, como se ha demostrado en el desastre de Japón, el edificio de contención no sirve para contener el material radiactivo en el interior en caso de accidente grave.
Para Ecologistas en Acción, este suceso muestra, una vez más, que los problemas de las centrales nucleares son imposibles de atajar en su totalidad. Teniendo en cuenta que producen unos residuos peligrosísimos que estarán en activo durante miles de años, para los que no hay solución, y que no son necesarias, entre otras cosas porque por su propia naturaleza inflexible, suponen un freno para el desarrollo de las renovables, lo más razonable sería proceder a su cierre de forma escalonada.

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